Entrevista al Dr. Héctor Hugo García
Entrevistador Modesto Montoya (abril 2006)
   
 

 

 


Héctor Hugo García, el científico peruano más productivo es de padre huanuqueño y madre contumazina, profesores. Héctor Hugo es producto de la educación desde casa.

Estudió primaria en Tingo María y secundaria en la Gran Unidad Leoncio Prado de Huánuco. El 79 ingresó a la Universidad Cayetano Heredia. Hizo su doctorado en la Universidad Johns Hopkins. Siempre interesado en resolver problemas peruanos, prácticos, atento a las novedades en ese sentido. El empezó a investigar sobre cisticercosis por amor a la ciencia, sin demandar grandes cosas, pero comprende a la generación actual “que no puede darse esos lujos”, en esta época de supervivencia. Hoy es un científico nacional e internacionalmente reconocido.

 

 

¿Cómo es que usted empieza a interesarse en la investigación?

La Cayetano pone énfasis en la investigación. Cuando estaba en la Universidad yo no me daba cuenta, pero luego cuando me encontraba de lleno en investigación, y quise trabajar con gente más joven, pude ver una diferencia cualitativa en la percepción de lo que es hipótesis y análisis. Desde los cursos de biología nos insistían mucho en el diseño de los trabajos de investigación y la necesidad de la publicación.

¿A todo lo que está publicado usted le presta la misma confianza?

En general la información publicada en revistas con sistema de revisión por pares es más confiable, pero siempre depende de la calidad de la revista. Hay de todo. En la internet hay mucha información, incluyendo datos que no están en revistas, y también es interesante pero no siempre fidedigna.

¿Porqué cree usted que la universidad estatal no hay mucha publicación indexada?

Creo que algunas universidades se da igual peso a publicaciones indexadas como no indexadas. Con ese criterio, el que publicó en Nature tiene el mismo puntaje que el publicó en "La voz Cuchun-Cuchun", y eso no está bien.

¿Su tesis la publicó?

Es una de las pocas cosas que no he publicado. Lo que pasa es cuando ya aprendí a publicar teníamos una buena cantidad de cosas nuevas. Eso es uno de nuestros vacíos. Es difícil aprender a redactar artículos de nivel internacional. Demora mucho. Uno sale de la Universidad sin estar completamente preparado para ello.

¿Qué piensas de las publicaciones peruanas, vale la pena publicar en ellas?

Publicar en revistas internacionales es más “rentable” en términos académicos. Pero, la desventaja es que no se disemina el conocimiento en el Perú. Y creo que hay que diseminar información cuando se tiene un producto concreto. Publicar en el Perú tiene la ventaja de que los peruanos conozcan nuestro trabajo. Por ejemplo, Carlos Bustamante es poco conocido en el Perú.

Bueno, pero Carlos está ahora interactuando mucho con el país, piensa hacer un laboratorio gemelo en Cayetano…

Hay que apoyarlo, el liderazgo de Carlos puede ser muy productivo.

¿A quienes recuerda como profesores que promovieron la investigación?

Creo que la promoción que hicieron el doctor Cazorla y “Choclo” Monje debe haber moldeado la investigación en Cayetano.

¿Viniendo de un colegio de provincias, cómo dominó el inglés para publicar?

En Cayetano tuve que aprender a leer en Inglés, porque los libros están en ese idioma. Luego con Bob Gilman tuve que aprender Inglés hablado.

¿En su carrera, qué publicación le dio mayor satisfacción

Me acuerdo siempre de la primera publicación, en la que analizando la sangre de epilépticos demostramos que una buena proporción tenía anticuerpos a cisticercosis. Se publicó en la revista británica llamada Lancet.

¿Cuál fue su tema de tesis?

Cisticercosis cerebral, que es lo que trabajo ahora. Usamos tomografía con el radiólogo doctor Genaro Herrera. Terminé el 87 y sustenté el 89. Ahí tuve la suerte de conocer a Bob Gilman, quien empezaba a hacer investigación acá. Me invitó para hacer diagnóstico serológico de cisticercosis. Abandoné la neurología para ir hacia la investigación.

Gilman es hoy un líder bien establecido en el Perú…

A él le gusta la investigación, es espectacular. Está trabajando con entre 15 y 18 microorganismos diferentes: tuberculosis, Chagas, cisticercosis, enfermedades sexualemente transmisibles, entre otros. Su base está en Cayetano, pero tiene colaboradores en provincias. Todos formamos un gran equipo compuesto por profesionales de muchas disciplinas.

¿Usted, en qué campo tiene facilidades?

En el Hospital Santo Toribio de Mogrovejo (Instituto de Ciencias Neurológicas) tengo acceso a neurología sofisticada. Ahí trabaja un neurólogo y el Instituto que es un hospital neurológico. Armando tiene las facilidades para el estudio en animales y estudios de campo; en Tumbes tenemos la epidemiología; en los laboratorios de Gilman hacemos biología molecular; identificación de antígenos puros; Mirko Zímic hace modelamiento molecular; Armando hace modelamiento matemático sobre predicción del comportamiento de la infección, simulaciones. Hay pues disciplinas complementarias que conforman una maravilla.

Cuando usted empezó a trabajar con Gilman ¿quiénes conformaban el equipo?

Ya teníamos contactos con Víctor Tsang de Atlanta y Armando González estaba hacía medio año. De modo que el equipo de los tres ya existía. También estaba Manuela Verástegui, profesora de ciencias de Cayetano. También estaban el parasitólogo Jorge Naranjo y Elva Miranda.

Empezaste con el diagnóstico…

Efectivamente, vimos que la prueba funcionaba bien en diferentes escenarios. Eso fue hace casi 20 años y seguimos trabajando en ello. En Estados Unidos el western blot, que es la misma prueba que usa para confirmar el diagnóstico del sida, fue probada en el Perú para cisticercosis. Aprendimos entonces que mucha gente tiene los anticuerpos, pero no la enfermedad. Empezamos a destapar el iceberg. Como en otras enfermedades, podemos tener anticuerpos, pero no infección en ninguna parte.

Muchos confunden la triquina con la cisticercosis…

En algún momento se sembró esa confusión en Latinoamérica. La triquina es un parásito microscópico, no se ve a simple vista, y está en el músculo del chancho. Al ser humano le produce un agudo dolor muscular, luego pasa. La cisticercosis es una cosita de 3 a 6 mm visible al ojo, como una bolita blanca.

¿Cuál es síntoma de la cisticercosis en humanos?

Lo único que produce la cisticercosis en humano es una tenia en solitaria de 2 a 3 metros el intestino, como primer paso. La persona con la tenia en los intestinos tendrá deposiciones con huevitos microscópicos de tenia. En el modelo estándar, si un cerdo come deposiciones contaminadas se le arma la cisticercosis. En el ser humano, que no es el modelo estándar, se contamina con deposiciones fecales con esos huevitos microscópicos y se le hace un cisticerco en el codo, en el muslo o en el cerebro cualquier otra parte.

¿Es mortal?

Ahora, en la mayoría de casos, el parásito muere y el paciente ya está sin síntomas. La mayoría de ellos debe seguir tomando medicación para no tener epilepsia, pero hacen una vida normal.

¿La epilepsia es una consecuencia de la cisticercosis?

En el Perú de cada tres epilépticos, que inician su epilepsia después de la adolescencia, uno es por cisticercosis. Esto es una carga muy fuerte sobre el sistema de salud.

¿Qué acerca de las vacunas?

Éste es un parásito muy complejo, multicelular, un animal macroscópico. La inmunidad contra parásitos es más difícil de conseguir, no es como una bacteria o un virus. Pero ya hay vacunas para parásitos y para el cisticercosis es una de ellas. Hay una vacuna para cerdos desarrollado en Australia, que nosotros hemos probado y funciona muy bien.

¿Y para humanos?

Probablemente no sea necesario, porque la enfermedad sintomática no parece ser frecuente cuando hablamos de población. Si tengo mil personas y quince hacen epilepsia, no se justifica aplicarle vacunas a 985 cuando todavía no se sabe sus efectos. De modo que el futuro de esta vacuna está restringido a los animales.

¿En qué regiones han trabajado?

Hemos trabajado con cisticercosis en Tarapoto, Cusco, Huancayo, Andahuaylas y Tumbes. Otros grupos ligados a nosotros lo han hecho en Puno, Ayacucho y Cerro de Pasco. Los estudios fueron más largos en Huancayo y Tumbes. En Tumbes hay cien trabajadores y un jefe de campo, que es el doctor Guillermo Gonzálvez, que viene de República Dominicana, un buen epidemiólogo.

Ustedes piensan a lo grande, erradicar la cisticercosis del mundo…

Sería interesante erradicarla de una región, luego se puede pensarse en mayor escalamiento.

Hay culturas que prohíben el consumo de chancho…

Probablemente sea por lo coprofílico.

¿En nuestro país es peligroso comer chancho que uno compra en el mercado?

No hay problema, porque son de granja. Armando tiene una frase muy buena: “cerdo bueno saca a cerdo malo” La producción de cerdo de granja es mucho más barata. El productor pequeño no puede competir. Lo ideal sería que los pequeños productores de Tumbes vendan productos procesados de chancho. El precio del chancho es tan bajo que los productores no lo pueden encerrar, y entonces fácilmente comen cualquier cosa.

Casi siempre las costumbres y creencias respecto al consumo es por cuestiones sanitarias…

Si, por ejemplo lo de las navajas están prohibidas en algunas culturas, se dice que por razones bacterianas. La gente moría cuando no había antibióticos. Antes afeitaban a muchos con la misma navaja.

El sida ha cambiado costumbres…

Cuando hacía mi doctorado, un profesor nos dijo: “Este año se cumple 20 años de la epidemia. Para mí es trágico recordar que sólo hemos logrado cambiar comportamiento en homosexuales varones y adultos –entre los que la tasa ha disminuido-. No hemos tenido éxito en trabajadoras sexuales, homosexuales mujeres, ni en homosexuales jóvenes”

¿Donde se origina la cisticercosis?

Pregunta difícil. Alemania era endémica hasta 1920. Italia todavía tiene casos autóctonos. Hay cisticercosis en China. De hecho no es originaria de Las Américas. La posibilidad más fuerte es que haya venido de África. Hay tenias filogenéticamente muy parecidas a las de la hiena y del león. Este tipo de gusano tiene un ciclo llamado predador-presa. El gusano vive en el predador y la larva está esperando que se la coman en la presa. La presa, usualmente un herbívoro tiene contacto en la hierba con las deposiciones del predador. De modo que hay tenias muy parecidas en leones y en hienas.

El financiamiento de su trabajo vienen mayormente del NIH…

El NIH tiene como rol principal hacer investigación en Estados Unidos. Maneja unos 15 mil millones. Sólo para enfermedades infecciosas maneja 4 500 millones de dólares al año. Tiene unos nueve institutos, un poco como el INS que tiene sus institutos de investigación y manejan dos tipos de fondos, los intramurales para sus propios investigadores y los extramurales a los que tienen acceso personas externas, básicmente de Estados Unidos. El concurso es muy competitivo. Entre el 12 y 14 % de los proyectos presentados son aceptados. En el tema de infecciosas había dos tipos de programas, uno para que la universidad norteamericana haga investigación en el extranjero, ese programa se llama International Collaboration on Infection Diseases Research (ICIDR).

El INS tiene también varios institutos…

Que lamentablemente somos más hospitales que institutos de investigación, pero la idea es que estos centros de nivel 4 sean de investigación, porque una cama de ese nivel nos cuesta demasiado para ser de rutina.

De ese programa han tenido ustedes dos proyectos…

Efectivamente, uno del 96 al 2001 y otro del 2001 al 2006. El concurso es cada cinco años. El último que fue hace 3 años, no lo hemos conseguido.

Pero ustedes están ya bastante ocupados con lo de Tumbes…

Cierto, yo estoy haciendo además estudios clínicos de neurología. El Wellcome Trust nos está financiando algunas cosas de epidemiología. En realidad, el investigador libre tiene que ir buscando su financiamiento.

Con lo de Tumbes ustedes son gestores…

Cuando uno empieza es un equipo pequeño, pero cuando se llega a tener una planilla de cien, ya debemos tener un horizonte más lejos de un proyecto, no podemos decir a la gente, ya no hay trabajo, tan fácilmente.

Mucho tiempo usa usted para buscar financiamiento.

El financiamiento es crucial por que si no, no hay equipos ni reactivos ni se puede pagar el personal necesario. Esto me ocupa alrededor de 30% de mi tiempo. Y el resultado de las gestiones se conoce un año o un año y medio, pero eso también es bueno porque uno aprende a planear el mediato plazo.

¿Obtienen fondos del Perú?

En realidad no. Los financiamientos locales son muy limitados. Creo que los fondos peruanos deben ir a los muchachos que comienzan.

¿El dinero que viene de fuera es controlado de alguna forma?

Hasta el último centavo, el dinero va a una institución, todo gasto que hace en el Perú paga impuestos, sueldos y compras. Hay auditoría interna y externa.

¿Cómo un joven puede iniciarse en investigación?

Creo que es una coyuntura individual de suerte, diría yo. Creo que hay veces que uno está en el momento adecuado, se encuentra con la persona adecuada y sigue el camino adecuado. Tuve la suerte de entender el sistema de investigación y de la publicación justo al salir de la carrera. Eso me ha permitido que en los diez primeros años llegara con varias publicaciones, poder hacer rápido el doctorado. Eso da una ventaja posicional muy grande.

¿Cómo hacen para disminuir la fuga de cerebros?

Tratamos de preparar gente con estadías en extranjero no muy largas y regrese. Tenemos 12 Ph.D. que han regresado. Hacen los cursos fuera y sus tesis en el Perú.

Los médicos hacen poca investigación…

Es difícil convencer a un médico que tiene un sueldo de tres mil o cuatro mil soles, con una oferta de investigación para ganar la mitad de eso, y sin perspectivas de que mejore en los próximos ocho o diez años que cuando uno empieza a producir sus propios proyectos.

Yo no puedo decirle a los jóvenes “Mira, si te va bien, dentro de diez años tendrán un buen sueldo”. Las cosas deben prepararse con tiempo. Después de quince años, uno puede lograr una credibilidad establecida. Las chances de financiamiento aumentan, pero al principio, no es fácil.

¿Qué piensas de la investigación básica?

Creo que para ello se necesita muchos recursos, y no los tenemos. Yo no soy básico. Pero los básicos dicen que si uno no modela el pensamiento con investigación básica no se podrá llegar a la ciencia aplicada…

Hablando de equipos de laboratorios, hoy hay transferencias…

Cierto, por la globalización. Y eso no era posible hace 20 años.

¿Usted estudió en la Universidad Johns Hopkins, cómo era el ambiente?

Espectacular. Allí los estudiantes no necesitan que se les exija, porque ellos han ido a estudiar. Las facilidades tecnológicas también son incomparables. Cuando uno salía de clase, en la biblioteca estaba las diapositivas del profesor y el audio, en cuatro o cinco juegos. En el fondo no hay mucha inversión pero sí un cambio de mentalidad. Al entrar a clase, uno tenía las separatas del profesor, y sólo anotaba comentarios. Acá todavía el alumno trata de copiar lo que dice el profesor.

Usted se dedica exclusivamente a la investigación…

Así es, dicto clases esporádicamente.

¿Su dedicación a la investigación no afecta sus relaciones familiares?

Tengo la suerte de que mi esposa, Silvia Rodríguez, trabaje conmigo. Antes de tener hijos nos quedábamos 8 a 9 de noche tranquilamente. Ahora, usualmente salimos como a las cinco y media. Cuando se duermen los dos muchachos, de cinco y cuatro años de edad, trato de trabajar un poco más.

Eso es extraordinario, muchos trabajan tanto que abandonan un poco a sus hijos…

Bueno tengo una hija de once años, de mi primer compromiso. Ella, Beatriz, vive en Cusco y a menudo hablamos por teléfono.

Yo siempre me pregunto cómo interesar a los chicos por la ciencia…

Es interesante, uno no sabe realmente qué hacer con los hijos, pero yo recuerdo mucho una canción de Manuel Serrat que dice que uno se hace padre sin sabe el oficio y sin vocación.

Aparte de la ciencia, tiene alguna otra actividad que le gusta.

La tuna. Un amigo del IPEN, César Guzmán, era nuestro profesor en la tuna en Cayetano. Nos enseñó dos años. El tocaba muy bien la mandolina. Mi generación de tuna se reúne con cierta frecuencia, y acabamos de regresar de Chile, donde dejamos bien puesto el nombre de la Universidad y del pais. Nos separamos de la tuna actual por desacuerdos generacionales.

El doctor Gotuzzo dice que en su época había los hippies y el Che Guevara …

Yo pasé por la época de Travolta. A la actual les tocado el regaetón (rie…)

 

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