Dr. Latorre, conocemos su labor en la UNI , pero poco sabemos el camino que lo llevó a esta institución. ¿Cómo empezó su gusto por la física?
Nací en el Cusco . Estudié la primaria en Cusco, Lima y Abancay. Mi secundaria la hice enteramente en Abancay en el colegio nacional Miguel Grau, el mismo que por 1928 había recibido un laboratorio de física del Gobierno. Mi profesor Edgar Núñez y este laboratorio me encantaron y así empezó mi gusto por la Física.
¿Y en la Universidad hacia donde dirigió su interés?
Ingresé a la Universidad del Cusco en 1949 , a la carrera de Química Industrial, que era lo más cercano a Física en dicha universidad Allí enseñaba el prestigioso profesor Oswaldo Baca, físicoquímico que había trabajado en estructura atómica usando la nueva Mecánica Cuántica. Tuve esperanzas de recibir sus clases.
¿Era usted estudiante puntal en la Universidad?
El problema fue que Baca enseñaba Química Analítica en el Segundo Año. El primer año me aburrí enormemente porque los profesores no me enseñaban mucho. En lugar de atender clases, iba a la Biblioteca Municipal donde había mejores libros de Física que en la Biblioteca Universitaria.
¿Cómo pasó usted el terremoto?
Cuando pasé al Segundo Año tampoco pude escuchar a Baca, porque el curso empezaba con experimentos conducidos por sus ayudantes y porque en Mayo, a poco de empezar clases, ocurrió el terrible terremoto. Causó mucho pánico. Los cusqueños sacaron al Señor de los Temblores al atrio de la Catedral para hacerlo bendecir a la multitud que en la Plaza de Armas gritaba desgarradoramente..
Se quedaron sin local.
Los locales de la Universidad fueron devastados. El Presidente Odría envió aviones para llevar a los estudiantes para que, pudiendo sostenerse en Lima, continuaran sus estudios en la Escuela de Ingenieros o en San Marcos.
Lima era cara en esos tiempos…
Yo no contaba con dinero, de modo que me fui donde mi familia, en ese momento en Tacna. Allí encontré trabajo en la empresa De Ferrari, gracias a que impresioné al Jefe de Oficina mostrándole que se podía extender el cálculo del interés compuesto a períodos infinitesimales, en vez de meses o años. Los organismos vivos crecen así. A los 17 años empecé dirigiendo la Sección de Seguros y de Combustibles y Lubricantes. En ese tiempo se asfaltó la carretera Ilo-Tacna posibilitando el traslado fácil de gasolina y lubricantes de Talara a Ilo por mar y de Ilo a Tacna por pista. en camión tanque. El planeamiento de esta operación me mostró el poder del Cálculo Infinitesimal en sus aplicaciones prácticas. Luego de reunir plata, fui a Lima para estudiar en San Marcos.
¿Le convalidaron sus cursos?
No. No quisieron ponerme a prueba. Me obligaron a repetir los cursos que llevé en el Cusco , incluso a repetir los laboratorios que había hecho en Abancay, en mi colegio. Lo peor fue que mi expediente se resolvió en el Segundo Semestre cuando yo, informalmente, ya había aprobado los exámenes de medio Segundo Año. Esto me mostró cuán diferentes eran el Estado y la Empresa Privada. Todo ello ocurrió dentro de la carrera de Matemáticas, por entonces parte de la Escuela Instituto de Física y Matemáticas de San Marcos. La carrera de Física todavía no funcionaba. El Dr. Ántero Bueno, exalumno del Miguel Grau, era por entonces catedrático de Física en esta carrera de Matemáticas. Él trataba de hacer funcionar la carrera de Física, pero los matemáticos de San Marcos de ese tiempo no le hacían caso porque Bueno no sabía matemáticas superiores, ni tampoco suficiente Física.
Les parecieron fáciles, los cursos
Para no aburrirme ayudé a fundar el Centro de Estudiantes de Matemáticas. Holger Valqui, César Carranza y Roberto Velásquez fueron conmigo más, los gestores de este Centro. Este Centro clamaba por elevar el nivel de los cursos y conseguir que los profesores los dictaran puntualmente, en oposición a los demás Centros de San Marcos que pedían en cambio facilidades para aprobar cursos. Otra cosa que hice, en cuanto Bueno me designó su asistente, fue pedir libros de muestra, bajo membrete de la Universidad, a editoriales de los Estados Unidos. Recibí muchos y obtuve así la formación básica en Física que San Marcos no pudo darme.
¿Y cómo se interesó en la física nuclear?
Como dije más antes, mi interés fundamental estaba en la Física desde el colego. Siendo escolar, leía las revistas argentinas que, por ese entonces, llegaban en profusión al Sur del Perú. “Ahora” era mi preferida. En ella ví por primera vez los nombres de Einstein, Fermi, Lawrence y otros físicos famosos. Leí también sobre el trabajo “atómico” de la Universidad de Columbia y finalmente sobre la bomba. Nunca me interesaron las armas, pero la mención repetida a la Mecánica Cuántica para explicar la constitución de la materia generó mi interés por la Física Nuclear. Estando en mi Cuarto Año de Matemáticas en San Marcos, escuché el programa radial matutino del Gral. Sarmiento, Presidente de la Junta de Control de Control de Energía Atómica, antecesora del IPEN. Hablaba de las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear y de un concurso nacional para seleccionar becados que estudiarían Física Nuclear en Estados Unidos. Fuimos varios sanmarquinos a verlo. Nos interesaba el concurso, pero al ver que Geometría Descriptiva era uno de los cursos principales requeridos, concluimos que el general hablaba de lo que no sabía. Yo había aprendido esa Geometría del arquitecto Garmendia en el Cusco. Me gustaba, pero no tenía nada que ver con la Física. Esa fue la primera ocasión en que observé que en el Perú se designaba a militares para presidir instituciones o programas importantes simplemente porque se creía que su alta graduación garantizaba ejecutividad y eficiencia. Pero se olvidaba (y aún se olvida) que la eficiencia siempre exige un mínimo de competencia específica en el campo de la institución o el programa para el que se los designa para, por lo menos, poder escoger buenos asesores. Oyendo los principales requisitos del concurso, decidimos olvidarnos de él. Por el mismo tiempo aparecieron dos iniciativas norteamericanas capaces de cubrir el campo de nuestro interés: el Programa de Átomos para la Paz del Presidente Eisenhower y el Programa (de Entrenamiento Académico) del senador Fulbright, ambos de Estados Unidos. Este último ofrecía también becas para Estados Unidos. Postulé a una y tuve la suerte de obtenerla para estudiar en la Universidad de Maryland, entonces poseedora de una nueva escuela de Física..
¿Cuánto tiempo estuvo en Estados Unidos?
En Estados Unidos estuve 6 años. Tuve que tomar algunos cursos de antegrado para completar mi formación básica y pasar el examen de Maestría. Elegí la Física Nuclear para mi Doctorado y la Espectroscopia Nuclear para mi tesis que versó específicamente sobre tres nuevos niveles energéticos del núcleo de Nitrógeno 14, uno descubierto en el curso de mi trabajo. Trabajé con un acelerador Van der Graaf y un espectrómetro magnético para caracterizar dichos niveles. Aquella era una época de eclosión tecnológica en EU en respuesta al Sputnik soviético. Mi tesis fue la primera en usar la teoría de Wigner para dos niveles simplemente porque sólo entonces se desarrolló Fortran 4. Recuerdo mis llamadas telefónicas al inventor de esa versión pidiéndole incluir funciones específicas de variable compleja e informándole luego de cómo habían resultado esas funciones. Mi tesis fue también de las primeras en usar una cámara miniatura de dispersión, provista de un detector de estado sólido, ligada al acelerador, y hecha posible con los transistores inventados poco antes. Mi espectrómetro magnético fue también uno de los primeros de doble enfoque para medida más precisa. Sólo varios años después me di cuenta de la suerte que tuve de estar en EU durante esa eclosión y de la tremenda ventaja de poder comunicarse rápidamente con cualquiera y de la voluntad de complementarse para crecer. Allí se forjó mi interés por la multidisciplinaridad. Cerca de mi doctorado, consulté con San Marcos sobre mi regreso. El Prof. Bueno me ofreció mi antiguo puesto de Jefe de Prácticas en cuanto regresara, con la promesa de un Profesorado Auxiliar pronto y la posibilidad más tarde de concursar para Asociado y después para Principal. Saqué la cuenta que necesitaría no menos de 6 años para ser Profesor Asociado. La gran esperanza de San Marcos era el préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con el que se comenzaría a financiar la nueva ciudad universitaria. Pero mi experiencia con el traslado del Cusco a SM me indicó que a menos que pudiese llegar a Principal rápido, no podría mover nada en la nueva sede.
¿Y cómo llegó a la UNI?
Poco después recibí una llamada telefónica del Ing. Mario Samamé, entonces Rector de la UNI y candidato presidencial en las elecciones de 1962, de visita en Washington para gestionar también un préstamo BID. Alguien le había dado antecedentes míos. Sabía que mi mayor ambición era crear una carrera de Física en el Perú para ofrecer lo que a mí nunca se me ofreció. Me dijo entonces que se había creado la nueva Facultad de Ciencias en la UNI y que la carrera de Física, ya creada nominalmente, requería de físicos con grado internacional. Me convenció rápidamente. No firmamos ningún papel. Convinimos de palabra que yo estaría en Lima el 2 de Enero de 1965 para empezar a trabajar y que, en no más de 3 años, sería Profesor Principal. La Fundación Nacional (EU) de Ciencias, ya empezando su gran campaña educativa post-Sputnik para fortalecer la Ciencia en los EU, y enterándose por don Mario de mi interés por educar físicos peruanos, propuso ayudarnos a formar mejores profesores de Ciencias para la Secundaria en el Perú. Con mejor educación secundaria tendríamos mejor material humano en la universidad. Debiendo todo lo que entonces era, a mi primer profesor de Física en el colegio, acepté esa ayuda y empecé a preparar un curso en La Cantuta para 1965. Ése sería mi primer trabajo al volver al Perú.
¿Le fue difícil regresar al Perú?
Viajé al Perú con el sentimiento de que estaba haciendo una locura. Mi asesor lo decía. Y es que llegué a Diciembre de 1964 con atraso en mi tesis. Me faltaban unos 3 meses para terminarla. Llegué a la UNI el 2 de enero de 1965. Terminé de dictar el curso y regresé pronto por mi tesis. No tuve apoyo económico, esta vez. Usé mis ahorros. Terminé mi tesis y volví a la UNI.
Me acuerdo que usted tenía su oficina en el IMUNI…
En la UNI era profesor de la Facultad de Ciencias, pero trabajaba en el Instituto de Matemática de la UNI (IMUNI) que era dirigido por el Dr. José Tola Pasquel . También estaban Gerardo Ramos, Holger Valqui y César Carranza. El problema era que en la Facultad de de Ciencias la mayoría de profesores eran todavía ingenieros sin entrenamiento superior en Física o Matemáticas.
¿Don Mario le siguió apoyando?
El Ing. Mario Samamé consiguió que yo obtuviera el nombramiento de Principal en alrededor de 3 años, como prometido. Fue el principal propulsor de la Facultad de Ciencias porque consiguió incluirla dentro del programa BID, planificado mucho antes del nacimiento de la Facultad.
¿Cómo encontraba a los estudiantes?
Lo que me gustó de la UNI fue el grupo de estudiantes trabajando duro y con gusto. También la diversidad. Gente de provincias, de todos los barrios de Lima, ricos y pobres, intercambiando ideas para, antes de terminar sus carreras, fundar empresas, poniendo sus cabezas o los recursos de su familia. En la UNI habían todas las sangres del Perú, justo en el momento en que los hombres viven su época de inocencia ilustrada, su juventud universitaria.
¿Cómo ha cambiado la UNI desde los 60 hasta el 2006?
Hoy la UNI ha cambiado mucho. El Perú universitario ha cambiado. Los ricos por un lado, en las universidades privadas, y los pobres por otro, en las universidades estatales. Las sangres no son ya complementarias.
¿Y los egresados?
Creo que unas diez promociones, las de segunda mitad de los 60 y la primera de los 70 fueron bien preparadas. Para mayor tristeza se están yendo los profesores Manfred Horn y Holger Valqui y no hay quien los reemplace. Algunos buenos investigadores se han ido al IPEN.
De repente las cosas mejoran…
Si pues, pero nadie sabe qué pasará en el futuro. La política es tan cambiante que no se persiste en ninguna dirección.
Lima, marzo 2006 |