Opinión, 21 de febrero de1996
Hospitales peligrosos
La tecnología moderna ofrece muchas ventajas, pero cuando es manejada por inexpertos se convierte en altamente peligrosa. Recientemente, en un hospital arequipeño, un técnico no capacitado se irradió con una bomba de cobalto, sin siquiera comprender que sufría graves daños en su salud.
La bomba de cobalto es usada para irradiar tejidos cancerosos. Sin embargo, al hacerlo, también se afecta tejidos sanos, puesto que la radiactividad ataca las células sin diferenciar su estado. El balance entre el máximo número de células cancerosas y el mínimo de células sanas es una delicada tarea de físicos médicos, conocedores de la interacción entre la radiación y la materia, son capaces también de planificar tratamientos sin riesgos innecesarios.
Actualmente, prestigiosos centros médicos en el país están adquiriendo aceleradores de electrones para fines terapéuticos. Los haces de electrones también atacan tejidos cancerosos. El montaje de aceleradores y su funcionamiento es un asunto de físicos. Recordemos que los aceleradores fueron construidos en laboratorios de física y luego fueron aplicados a la medicina.
El reactor RP-10 de Huarangal también emite radiaciones que puede ser usada en terapia. Se trata de los rayos neutrónicos que a través de tubos salen del núcleo del reactor.
Los riesgos de la radiación se generan por la deficiencia en los instrumentos y en la falta de físicos médicos en hospitales que cuentan con facilidades de rayos X. En dosis excesivas, los rayos X son perniciosos, pudiendo producir cáncer. En algunos hospitales, se ha constatado que la dosis que señalan los instrumentos no corresponde a la realidad, debido a que éstos no están adecuadamente calibrados.
Existen innumerables otros campos de la medicina en los que los físicos son imprescindibles. Allí donde hay instrumentos de gammagrafía, resonancia magnética, tomografía X computarizada y otros relacionados con tecnología moderna de procesamiento de imágenes, es necesaria la presencia de físicos.
En las salas de tratamiento intensivo, donde instrumentos físicos ayudan a los pacientes a mantenerse en condiciones adecuadas, es necesario conocer a la perfección la relación entre los instrumentos y el paciente.
Por ello, para recuperar el tiempo perdido en la formación de físicos médicos, en enero de 1996 se ha inaugurado el primer programa nacional de Maestría en Física Médica. En éste programa participan la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), el Instituto de Enfermedades Neoplásticas (INEN) y el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN).
El curso inaugural de la mencionada maestría estuvo a cargo del doctor Víctor Coronel, profesor de la Universidad Estatal y la Universidad de Columbia de Nueva York. EL doctor Coronel, quien dictó el curso como experto del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), fue alumno de física de la UNI, habiendo obtenido el primer puesto en el examen de ingreso 1966. El científico es especialista en tratamiento de señales y de imágenes. Actualmente investiga en Estados Unidos el procesamiento digital del habla para fines médicos.
El grave accidente mencionado al comienzo de esta nota muestra la urgencia de intensificar este programa, que debiera merecer el apoyo de instituciones relacionados con la salud de los peruanos. Un primer paso en ese sentido, es que los responsables de los centros médicos comprendan la necesidad de contar con especialistas para que, conjuntamente con los médicos, aseguren un buen tratamiento de los pacientes, los que recurren a instrumentos cada vez más sofisticados.