16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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Opinión, 18 de abril de 1996

Riesgos de la genética

Hace unos 6 años, el gobierno de los EE.UU. dio impulso al ambicioso proyecto científico de 3 mil millones de dólares: la cartografía del genoma humano. El objetivo de este proyecto es descifrar el código genético que rige la vida del ser humano en todas sus tendencias. De esa forma la ciencia se introducía en los secretos de la vida del ser humano, descubriendo aspectos que eran útiles para la salud, pero también aquellos que comprometían la vida en la sociedad.

Con el estudio genético se puede saber la tendencia a ciertas enfermedades de una persona. Según los especialistas, alrededor del año 2003 se podrán identificar todas las enfermedades genéticas. Esta información puede estar abriendo las puertas a un nuevo tipo de discriminación, basado en las características genéticas de las personas.

Por ello se ha generado temor por el análisis genético, aún cuando puede ser aconsejable para fines de salud. Por ejemplo, en EE.UU., algunas personas con la enfermedad de von Hipple-Lindau, una enfermedad hereditaria que causa tumores en el riñón y el cerebro, tienen dificultades para obtener un seguro por enfermedades. Por esta razón algunos norteamericanos no someten a sus hijos a un análisis genético para saber si tienen el gene de la enfermedad. Esto a pesar de que un tratamiento profiláctico puede prevenir los tumores de los pacientes con los genes de esa enfermedad.

Las compañías de seguro generalmente preguntan a los potenciales asegurados sobre las enfermedades que sufren o por las que murieron sus padres. Se piensa que muy pronto van a solicitar un examen genético. En algunos países europeos, como es el caso de Francia, no se plantea el mismo problema porque es el Estado el que esencialmente otorga el seguro de enfermedad. Sin embargo existe la preocupación por el uso de la información genética por compañías privadas de seguros o por las empresas empleadoras.

Las enormes consecuencias que ha traído el avance de la genética son todavía inconmensurables. Las familias poco a poco se ven envueltas en inéditos dilemas. ¿Debe analizarse genéticamente a los niños? ¿Debemos saber si un niño terminará con enfermedades incurables que atacan al cerebro, como la enfermedad de Huntington? Algunos piensan que sí, porque en caso de resultado positivo no valdría la pena enviarlo a la escuela, puesto que sería un fracaso.

Es claro, que para enfermedades hereditarias como el cáncer de mama o de colon, las que se previenen con una terapia, parece aconsejable realizar el análisis. Algunos pacientes con resultados positivos y con signos evidentes de riesgo se han hecho extraer el colon.

El desarrollo de la medicina genética ha creado también grandes expectativas. La más espectacular de éstas es la terapia genética, la que se puede describir esquemáticamente como el transplante genético. La terapia genética trata de introducir en las células los genes que permiten un funcionamiento adecuado de los mecanismos contra determinadas enfermedades. Paralelamente, al avance de la ciencia, como ha ocurrido con otros dominios de la ciencia, se está estableciendo poderosos circuitos comerciales en torno a la medicina genética, dando lugar a bancos genéticos y patentes de secuencias genéticas.

En este confuso torbellino tecnológico ha surgido el proyecto “Diversidad del Genoma Humano”, el que estudiará la variación en las secuencias genéticas entre los diversos pueblos del mundo. Aunque ya se levantan voces de alerta ante un eventual uso racista de los resultados del proyecto, los científicos hacen notar que la mayor parte de las variaciones genéticas entre los seres humanos se encuentran entre miembros de la misma raza.

Como vemos, el desarrollo de la genética y sus implicancias ratifica el doble sentido que puede tomar las aplicaciones de la ciencia: pueden ser beneficiosas o dañinos según sea la voluntad de los que las dominan. Ante ello, la sociedad está obligada a cultivar los valores que frenen el mal uso de los resultados de la ciencia.