16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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El Dominical, 1ro de Septiembre de 1996

Avalancha tecnológica

Al visitar, hace algunos días, la sala de cuidados intensivos de un centro hospitalario, tuve la impresión de estar entrando en un sofisticado laboratorio científico. Los pacientes estaban literalmente conectados a una serie de instrumentos que controlaban y aplicaban automáticamente los elementos, desde oxígeno hasta sueros, que permitían mantenerlo en vida. Las cantidades de esas sustancias, prescritas por el médico, eran dadas por las máquinas organizadas y controladas por un físico médico, el que miraba atento al monitor de su computadora, la que se convertía en la interface entre el paciente y la vida.

Como este ejemplo, a una vertiginosa velocidad, la tecnología está dominando todos los aspectos de la producción y los servicios. Las empresas que no siguen el ritmo caen sin misericordia.

En el campo de la medicina misma, por muchos años se contaban en Lima con algunas bombas de cobalto, emisor de radiación gamma que ataca los tumores cancerígenos. De pronto, un centro hospitalario adquirió un acelerador de electrones, para generar radiación fotónica más energética que los rayos gamma de las fuentes de cobalto. Y comenzó la carrera de los aceleradores.

Lo mismo ocurre en otros campos de la medicina, por ejemplo en el campo de la resonancia magnética, la que hoy es ampliamente conocida en nuestro medio.

La tecnología ha llegado con fuerza a los edificios modernos. Una conocida empresa de construcción está levantando edificios con enjambres de sensores y dispositivos automatizados, los que funcionan casi con sólo el pensamiento de los usuarios. En el país se comienza a vivir una ansiedad tecnológica, la que está llevando a una guerra interempresarial por la supervivencia. En ese ambiente, surgen empresas de servicios tecnológicos que son capaces de convertir cualquier planta en un complejo automatizado con dos o tres técnicos altamente calificados.

Los laboratorios universitarios están igualmente mirando a las aplicaciones prácticas de la ciencia, dando lugar a laboratorios de energía solar, nuevos materiales, acústica, fotónica, automatismo, robótica, microelectrónica, y otras disciplinas modernas que surgen a borbotones de los cerebros inquietos de la juventud, la que se está convirtiendo en depositaria de la confianza nacional para salir de la pobreza.

Ese torbellino tecnológico puede convertirse en un tornado, el que arrasará con la obsolescencia. En tal sentido, los jóvenes son conscientes de la urgencia de una educación científica y tecnológica moderna, lo más cercana posible a los elementos tecnológicos desarrollados en laboratorios del mundo entero.

Creo, dice un joven estudiante de física, que somos capaces de inventar cosas trascendentales. Iré donde me den la oportunidad de explorar todo mi potencial, dice mientras prueba un material que se comporta como espejos de calor, que dejan pasar la luz pero que impiden el paso del calor. Otro estudiante elabora un material que permite la fuga de calor en rangs que podrían dar lugar a refrigeradores sin consumo de energía.

Este enorme deseo de los jóvenes científicos por avanzar en el campo de la tecnología debe ser aprovechado por los empresarios que requieran buena tecnología sin el enorme costo de la tecnología importada. De lo contrario podríamos ver víctimas de la avalancha tecnológica.