16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

El Comercio /Opinión/ 04 de octubre de 1996

Comunidad científica de luto

El accidente de avión de la madrugada del 2 de octubre de 1996 significó la pérdida de dos de los más connotados y estimados miembros de la comunidad científica y tecnológica del país: el ingeniero Pedro Villena Hidalgo, presidente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) y el doctor Manuel Chang Ching, director del Centro de Cómputo de la Universidad Nacional de Ingeniería.

El ingeniero Pedro Villena, nacido en Arequipa, fue docente de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, de la que fue rector antes de ser designado ministro de Educación. Siendo rector de la Universidad de Huamanga, el ingeniero Villena se preocupó por elevar el nivel académico en las universidades. En 1994 organizó el Encuentro Nacional de los Mejores Estudiantes de la Universidad Peruana en la ciudad de Ayacucho. En ese entonces Villena recordaba que en el Perú se apoya a los mejores deportistas al mismo tiempo que se olvidaba a los mejores estudiantes.

Al poco tiempo fue designado ministro de Educación. Conocedor de que el problema de la Educación es el potencial humano manifestó su voluntad de mejorar los ingresos saláriales de los maestros, chocando entonces contra el muro de los cálculos de caja del Gobierno. Luego fue nombrado presidente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, desde donde impulsó la Feria Nacional Escolar de Ciencia y Tecnología. Una de sus preocupaciones fue la colaboración entre la universidad y la Empresa, y la búsqueda de proyectos que tuvieron posibilidades prácticas para el Perú.

El lunes 30 de septiembre el ingeniero Villena se integraba a la Comisión de Política de Ciencia y Tecnología (COMPOLCYT) de la CONFIEP. En esa ocasión, en compañía del Director General de Asuntos Científicos y Tecnológicos del CONCYTEC, doctor Amaro Zavaleta, el ingeniero Villena se mostró optimista por los resultados de la Feria Nacional Escolar de Ciencia y Tecnología 1996, en los que habían proyectos con proyección práctica. En la reunión del COMPOLCYT el ingeniero Villena se comprometió, para el lunes 14 de octubre, a explicar con mayor detalle la política del CONCYTEC. El accidente del viaje que lo llevaba a una reunión sobre ciencia y tecnología en Santiago de Chile interrumpe una vida dedicada a la promoción del desarrollo científico y tecnológico.

El doctor Manuel Chang Ching, nacido en Motupe hace 42 años, gozaba de una apertura de espíritu y un elevado nivel científico. Egresado como ingeniero electrónico de la UNI y doctorado en Francia, desarrolló una intensa actividad en sismología, exponiendo en casi todos los congresos que en su especialidad se organiza en el Perú. Por su capacidad y dinamismo fue designado presidente del Instituto Geofísico del Perú (IGP), desde donde incentivó la investigación a pesar de los limitados recursos económicos que le asignaba el Estado. Como presidente del IGP pudo manifestar públicamente su pasión por la astronomía, participando entusiastamente en las observaciones estelares. Esa inclinación astronómica lo llevó a promover el proyecto del Observatorio de Salpo en la provincia de Otuzco.

Manuel Chang tenía una chispa juvenil en todas sus acciones. Ante la iniciativa de la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología (SOPECYT), siendo presidente del IGP, participó con autoridades de institutos y universidades en la elaboración de un artículo de la Constitución según el cual el Estado tiene el deber de promover el desarrollo científico y tecnológico en el país.

El ingeniero Chang era también profesor de la Facultad de Ingeniería Electrónica de San Marcos y miembro de la Comisión Reorganizadora de esa universidad.

El último recuerdo que tengo de Manuel es del martes, antes de su viaje, cuando, juntos con Luz Eizaguirre, Subdirectora del Centro de Cómputo de la UNI, conversábamos sobre educación y el futuro del país, su tema favorito. Al ingeniero Villena, lo vi el lunes 30, en COMPOLCYT, donde junto a don Amaro Zavaleta, nos recordaba que teníamos pendiente un almuerzo trujillano.

Así es el azar de la vida y la muerte. Dolorosa muerte que deja enlutada a la comunidad científica y tecnológica.