16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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El Dominical, 8 de Diciembre de 1996

Siglo XXI
Retos educativos

En las recientes semanas se realizaron varios certámenes universitarios dirigidos hacia el estímulo de la creatividad y la excelencia en ciencia y tecnología. Entre ellos, cabe mencionar el Concurso “Creatividad Empresarial”, organizado por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas; el Premio Southern Perú a la Creatividad Humana, establecido por la Pontificia Universidad Católica del Perú; y el Primer Seminario Internacional sobre la Enseñanza de la Ingeniería, Ciencia y Arquitectura, instituido por la Universidad Nacional de Ingeniería.

En los mencionados certámenes se puso en relieve la cada vez mayor importancia que se presta a la ciencia y tecnología en un mundo globalizado, en el que van desapareciendo las fronteras para los productos, capitales y cerebros. En ese contexto, se puede identificar requisitos indispensables para que el Perú pueda avanzar con probabilidades de éxito en la competencia internacional.

En primer lugar, se ratificó el reconocimiento de que los recursos humanos constituyen el elemento fundamental para todo proyecto de desarrollo de un país. En tal sentido, las universidades tecnológicas tienen la responsabilidad de liderar la formación de científicos e ingenieros. La pregunta que surge es: ¿Cuál es el perfil de los profesionales que deberán construir el país del siglo XXI?

La opinión de la mayoría es que se necesita profesionales multidisciplinarios, entrenados para investigar, aprender constantemente y resolver problemas con una óptica multidimensional, sin encasillarse en las antiguas carreras profesionales. Un problema de medio ambiente, por ejemplo, sólo puede ser resuelto tomando en cuenta aspectos tan diversos que van desde la ingeniería civil hasta la biología.

En el actual estado de cosas, el carácter multidisciplinario de un profesional se logra con una sólida formación en ciencias básicas: física, química, biología y matemáticas, independientemente de la carrera. En estos tiempos no puede concebirse matemáticas para arquitectos, por ejemplo, como reconoció el arquitecto Javier Sota Nadal, rector de la UNI, al clausurar el seminario sobre Ingeniería, Ciencia y Arquitectura.

Otro aspecto importante de la formación es el contacto con la empresa, la que precisamente pondrá la tecnología al servicio del usuario. El Dr. Jorge Heraud, ganador del premio Southern Perú, además de docente universitario es empresario. El Dr. Heraud señala la importancia de la relación empresa-universidad y participa en la Comisión de Política Científica y Tecnológica de CONFIEP.

Englobando los aspectos arriba señalados, aflora la necesidad de cooperación entre instituciones de investigación científica y tecnológica para resolver problemas de interés nacional, uno de los cuales es el del medio ambiente.

En cuanto a las empresas, es notorio y alarmante las limitaciones en cuanto a exportaciones. El Ing. Francisco Sagasti recuerda que desde los años 60 seguimos exportando casi lo mismo, cuando la variedad de productos en el mercado ha crecido explosivamente.

La sofistificación y encarecimiento de la tecnología nos va dejando cada vez menos facilidades para encontrar un nicho tecnológico. Sin embargo, desde hace unos 10 años, la mayoría de los analistas opinan que la oportunidad para los países del Tercer Mundo se encuentra en las biotecnologías.

El Perú cuenta con una gran biodiversidad, sobre todo en la Selva. De hecho, investigadores extranjeros vienen estudiando la forma de curar el sida con plantas medicinales. No es extraño que varios laboratorios internacionales hayan puesto la puntería en plantas medicinales conocidas por los peruanos desde tiempos remotos.

En suma, el Perú deberá formar científicos e ingenieros multidisciplinarios, con sólida formación en ciencias básicas, con perfiles empresariales y de liderazgo, dispuestos a buscar productos para la exportación. Entre estos productos parece natural pensar en aquellos relacionados con la biodiversidad.

La formación de estos profesionales no sólo es responsabilidad de la Universidad; también lo es de las escuelas, colegios y padres de familia. Es conocido que la formación que tengan los niños será crucial para su futuro desempeño. De modo que al final de cuentas podemos concluir que, en realidad, toda la sociedad deberá estar involucrada en el esfuerzo educacional para el siglo XXI.