16 Mayo, 2004
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El Comercio /Opinión/ 29 de enero de 1997

Inteligencia y genética

Debido a las implicancias sociales del tema, las investigaciones sobre eventual carácter genético de la inteligencia siguen dando lugar a vivos debates en libros y revistas especializadas. La intensidad del debate se debe sobre todo a que no se ha podido diferenciar claramente los orígenes de la inteligencia, permitiendo que cada uno presente los resultados de su investigación de forma que favorezca a sus propias hipótesis. Sin embargo, algunos resultados estadísticos incontestables han disminuido la credibilidad de las hipótesis puramente genetistas de la inteligencia.

Los mayores estudios sobre inteligencia y genética se han dado en Estados Unidos. En 1994, Richard Hermstein y Charles Murray publicaron el discutido libro “The Bell Curve”la cuna de la campana”, haciendo referencia a la curva estadística de la inteligencia en la población), en el que sostienen que los negros tiene un coeficiente intelectual (QI) de origen genético inferior a los blancos. Este libro avivó el interminable debate sobre el tema, dando lugar a tres alternativas: la hipótesis puramente ambientalista, la hipótesis puramente genetista y la interrelacionista. Ned Block, de la Universidad de New York (La Recherche, enero 1997), plantea la posibilidad de una cuarta hipótesis: los negros son genéticamente superiores a los blancos pero desfavorecidos por el medio social.

Los resultados muestran que los blancos norteamericanos tienen promedio un QI superior al de los negros, incluso entre aquellos que pertenecen a la misma clase social. ¿Ello significaría que la diferencia es de orden genético?. En realidad, los especialistas señalan que el pertenecer a una determinada clase social siendo negro no se recibe el mismo trato que un blanco en esa misma clase social. En consecuencia, la influencia sicológica no es la misma para los dos grupos. La diferencia del trato a una persona es fundamental, para el grado de autoestima, y por lo tanto en el rendimiento.

Veamos ahora algunos resultados que podrían dar mayores luces al debate. Después de la segunda guerra mundial, en varios países se ha constatado un aumento de 15 puntos en el QI, que es igual a la diferencia existente entre blancos y negros en EE.UU. Aceptar la teoría puramente genetista significaría que se habría producido un “mejoramiento genético” de la población en un período de 50 años.

Otro resultado interesante concierne a minorías oprimidas, estudiadas por John Ogbu (publicado en el libro “The School Achievement of Minority Children: New Perspectives”, 1986). Ogbu muestra que la minoría Burakumin, desfavorecida en Japón, cuando llegan a EE.UU., tiene tanto éxito como los otros japoneses. Ello sugiere que en Japón la diferencia tenía como origen la diferencia en el trato social que recibía el grupo minoritario, la que desaparece en un país extranjero.

Es claro que el medio es fundamental para el desarrollo intelectual de la persona. Como medio se considera también la calidad de alimento y estímulo que se recibe. Una población mal alimentada tiene graves deficiencias intelectuales independientemente de su riqueza genética. Lo mismo ocurre con una población que no recibe estímulo cultural. Lo que resulta difícil es medir la influencia de ese medio. Recientemente, se han realizado estudios que sugieren que incluso el orden de nacimiento de hermanos influye en su desenvolvimiento en la vida. Se nota también una diferencia en familias según sea el número de hermanos que viven juntos. Además, es conocido que dos hermanos gemelos que hayan vivido desde el principio en medios diferentes tienen un QI diferente.

Finalmente, como la inteligencia tiene que ver con la creatividad, es necesario recordar que la historia nos muestra que el más alto grado de creatividad ha cambiado de lugar geográfico con el tiempo. Ello no significa que se ha producido una mutación genética es las poblaciones que dieron lugar a dicha creatividad, sino que las condiciones variaron. Cuando las civilizaciones orientales dejaron de ser influyentes, no se produjo necesariamente una generación genética de las poblaciones involucradas.

En fin, el debate sobre la inteligencia seguirá vivo hasta que la ciencia descubra los secretos del cerebro.