El comercio /opinion/ 09 de junio de 1997
Ciencia en el cielo
El reciente acoplamiento de la nave espacial norteamericana “Atlantis” y la estación orbital rusa “Mir”, en la que participó el astronauta de origen peruano Carlos Noriega, forma parte del proyecto de la estación espacial internacional, la que ha generado expectativas científicas, tecnológicas y comerciales.
La estación espacial, planeada para completarse en el año 2002, tendría un costo de 30 mil millones de dólares, los que subirían a 100 millones si se toma en cuenta los necesarios viajes entre la Tierra y la estación. Los gastos serán repartidos entre los países participantes en el proyecto. EE.UU. y Rusia –los antiguos rivales- colaboran en una estación espacial que se mantiene a unos 400 kms. Por segundo.
Rusia tiene once años de experiencia en su estación “Mir” con un buen récord de seguridad. Este país construirá tres módulos y Europa proporcionará un módulo y un vehículo para un eventual regreso de emergencia para la tripulación. Canadá facilitará un brazo manipulador robótico y Japón participará con un módulo experimental y equipamiento para las ciencias de la vida. La gigantesca estación internacional sería construida en cinco años, durante los cuales se realizarán unos 44 lanzamientos y transbordadores norteamericanos y cohetes europeos, japoneses y rusos. El complejo es diseñado para seis tripulantes con un ambiente presurizado de un volumen equivalente a dos Jumbo-jets.
En las altas esferas políticas se negocia intensamente para que la participación de cada país sea la mejor posible. Se sabe que el gobierno norteamericano tuvo algunas dificultades para lograr el desembolso que le corresponde a Rusia.
El objetivo científico-tecnológico de la base espacial internacional tiene varios aspectos. A partir de ésta se observará la Tierra en mejores condiciones que las logradas en la estación “Freedom”. La observación del espacio será un poco más difícil debido a una nube de gases que saldría de la estación y que la siguen en su órbita.
La mayor expectativa se refiere a los experimentos en puntos de la estación en los que tiene una gravedad de una millonésima de la existente en la superficie terrestre (de allí el término microgravedad). En el ambiente de microgravedad se realizarán experimentos que conciertan a medicina, alimentación, seguridad, transporte, comunicaciones y medio ambiente. Se espera que de estas investigaciones resulten considerables avances tecnológicos.
La microgravedad permite un crecimiento más lento de cristales, lo que facilita el trabajo en proteínas. Debido a la perfección de los cristales proteicos producidos en microgravedad, se logra conocer mejor su estructura. De esa forma puede elaborarse medicamentos más adaptados a las proteínas del cuerpo humano. Los estudios de cristales de interés médico que se anuncian para la base tienen que ver con la diabetes y el Sida.
Debido a la mayor importancia de la tensión superficial de los líquidos en microgravedad se prevé una mejor separación de mezclas. Además, se piensa que la microgravedad dará lugar a películas delgadas de recubrimiento de polímeros o semiconductores con una calidad imposible de obtener en la Tierra. Por el nivel de vacío en torno a la base será posible elaborar finos monocristales semiconductores con la técnica de haces moleculares.
El estudio de la combustión, dado que las llamas en microgravedad son esféricas y se extinguen rápido, puede servir para mejorar la eficiencia de automóviles o plantas energéticas.
En biología, la ciencia del siglo XXI, se espera importantes resultados. Se piensa que el crecimiento de algunas bacterias es 50% más rápido bajo microgravedad, lo que es sorprendente para los científicos.
En lo que concierne a la salud en el espacio, se ha observado que los huesos se descalcifican, los músculos se atrofian y el sistema inmune se debilita. Estas investigaciones resultan vitales para la NASA, que no abandona su idea del viaje de una tripulación humana a Marte, con el que se iniciaría la exploración del espacio alejado de la Tierra.