16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

El Comercio, 20 de agosto de 1997

“El Niño” incomprendido

Los eventos naturales que involucran variaciones de temperatura e intercambio entre el agua y la atmósfera en grandes regiones de la Tierra, como el “Fenómeno de El Niño”, son bastante complejos y hasta ahora no han sido enteramente comprendidos por los científicos. Sin embargo, podemos atrevernos a establecer algunas líneas generales del fenómeno que tiene preocupado al país.

En el Océano Pacífico, en las cercanías de la línea ecuatorial, debido a la topografía que lo rodea y a las variaciones estacionales de temperatura y presión atmosférica, tiene lugar los acostumbrados cambios anuales de clima.

Frente a las costas del Perú, debido a la dinámica de la masa de agua, desde las profundidades del océano se genera el afloramiento de agua fría, acarreando consigo nutrientes para los peces, los que a su vez permiten la vida de las aves marinas y sirven como parte de la dieta humana. Casi todo el año, en la atmósfera frente a nuestras costas se establece una capa de inversión que impide el intercambio vertical de aire, lo que da lugar a una permanente nubosidad: “la panza de burro”, cini ka describía Ricardo Palma.

En verano, por evaporación del agua, el calentamiento solar de la superficie del mar debería dar lugar a lluvias torrenciales. Sin embargo, el afloramiento de las aguas frías impide el fenómeno, dando lugar a las desoladas costas desérticas de nuestro país.

En algunos años – originados por inestabilidades en el movimiento periódico del viento – se presentan inesperados cambios en la dinámica del agua que impide el afloramiento de las aguas frías del Océano Pacífico frente a nuestras costas. Ello posibilita la llegada de aguas calientes provenientes del noroeste, dando lugar al aumento de algunos grados de la temperatura normal del agua superficial del océano. El fenómeno se le conoce como “El Niño” porque sus efectos se presentan alrededor de Navidad, pero la llegada de aguas calientes puede ocurrir en otras épocas, como es el caso de este año.

El desequilibrio rompe la capa de inversión permitiendo el paso de las nubosidades hacia mayores alturas y a la aparición de cúmulus. Los vientos fríos de invierno en las partes superiores condensan las nubes producto de la evaporación del agua, dando lugar a inesperadas lloviznas. El cambio en las condiciones meteorológicas normales provocan un desequilibrio generalizado, creando temperaturas desacostumbradas en diversos sectores del Pacífico y en las regiones cercanas al Ecuador.

De las experiencias respecto a fenómenos pasados, diversos grupos científicos han planteado modelos numéricos sobre la evolución del fenómeno. Así, la dinámica del agua y su temperatura han sido predichas con proyección de dos o tres meses, como lo mostró el físico Pablo Lagos en reciente conferencia (en ocasión de la juramentación del nuevo consejo directivo de la Sociedad Peruana de Física, presidido por el doctor Ronald Woodman – titular del Instituto Geofísico del Perú – e integrada mayoritariamente por científicos de ese importante Instituto). Más allá de los tres meses, las predicciones de los modelos resultan débiles. A pesar de los esfuerzos y las grandes computadoras, en cada reunión de expertos surgen más preguntas que respuestas.

En la actualidad puede señalarse que el “Fenómeno de El Niño” se hará presente el próximo verano. Sin embargo, dice Lagos, debemos esperar hasta octubre para predecir con mayor confiabilidad la gravedad del fenómeno.

Aparte de los aspectos científicos del fenómeno, la población está adquiriendo conciencia de la necesidad de tomar las medidas de protección contra eventuales catástrofes climatológicas. En Tumbes, se comienza a diseñar planes de emergencia, entre los que se cuenta la reapertura de canales cerrados para cultivos en tiempos normales. Asimismo, con la crudeza de las imágenes televisivas, el Perú descubre la necesidad de apoyar a las poblaciones afectadas por el frío, en las que niños sin zapatos tiritan al borde del colapso.

En todo caso, si se cumplen los pronósticos más pesimistas para el próximo verano, el Perú pondrá nuevamente a prueba su capacidad tecnológica para reaccionar ante adversidades naturales.