16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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El Comercio /opinión/ 5 de marzo de 1999

Riesgos radiactivos en el Perú

El 20 de febrero pasado, el señor Concepción Casya, un soldador de ocupación, tomó un objeto, aparentemente inocuo, guardándolo en su bolsillo durante ocho horas. Ese trabajador hoy tiene su vida en peligro. La razón: fue irradiado por ese objeto, el que es una fuente radiactiva de iridio 1192, usada para realizar radiografías industriales.

¿Pudo evitarse la grave irradiación del soldador Casya? Ciertamente, si es que los operadores de esta fuente, perteneciente a la empresa BECO S.A., hubiesen respetado los reglamentos que, sobre seguridad radiológica, existen en el país. Específicamente, una fuente radiactiva no debe ser abandonada en cualquier sitio, aun cuando sea dada de baja. Existe un centro especializado en gestión de residuos radiactivos, encargado de recibir las fuentes fuera de uso.

La irradiación involuntaria del señor Concepción Casya es, en realidad, un nuevo caso de negligencia o ignorancia de usuarios de fuentes radiactivas. Hace algunos años, el Hospital Honorio Delgado de Arequipa, contrató un técnico sin los conocimientos pertinentes, para reparar una fuente radiactiva usada en terapia de cáncer. El técnico manipuló la fuente sin las precauciones necesarias, irradiándose las manos con graves consecuencias.

La tecnología nuclear tiene un siglo y los principios básicos deberían ser conocidos por la población en general, sobre todo por los operadores de fuentes radiactivas. Desafortunadamente, las deficiencias de los programas curriculares del sistema educativo han dado como resultado un bajísimo nivel de conocimiento de los riesgos tecnológicos en general y de los nucleares en particular. Para usar fuentes radiactivas, sean éstas en medicina o en la industria, el operador tiene que contar con una licencia apropiada para cada tipo de aplicación. Por otra parte, para su utilización, la fuente radiactiva tiene que contar con la autorización correspondiente.

La licencia del operador de una fuente radiactiva supone conocimientos básicos de la radiactividad, de sus efectos biológicos, de las técnicas para protegerse y del reglamento vigente sobre el tema. Las negligencias en el campo nuclear no son monopolio del Perú. Hace algunos años, en Brasil, un chatarrero creyó haber encontrado un tesoro al abrir una fuente radiactiva abandonada por una clínica. Subyugado por la fosforescencia de la fuente, la repartió entre sus familiares y amigos, generando una peligrosa contaminación, la que hoy es estudiada en el mundo como un caso de negligencia radiactiva.

La tecnología en general trae enormes beneficios, pero las consecuencias pueden ser fatales si ésta se pone en manos de gente incompetente. Ejemplos de accidentes fatales por mal uso de la tecnología hay miles; pero cuando sucede uno en el dominio nuclear, las consecuencias toman notorias dimensiones periodísticas. En realidad, la sensibilidad social respecto al tema nuclear le favorece, en la medida de que logra el establecimiento de mayores niveles de protección.

El temor especial hacia la radiactividad tiene su origen en la utilización de la bomba atómica para la destrucción masiva. En EE.UU. se ha realizado una encuesta entre científicos e intelectuales para seleccionar la noticia del siglo. El primer lugar fue ocupado por la utilización de la bomba atómica en la guerra y segundo lugar por el viaje a la Luna. Este temor debe servirnos para exigir a las empresas usuarias de fuentes radiactivas que capaciten debidamente a sus trabajadores.