16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

El Comercio /Opinión/ 21 de marzo de 1999

Radiación y vida

La irradiación accidental del soldador Concepción Casya ha dado lugar a una serie de publicaciones periodísticas, algunas de las cuales han producido preocupación.

Cabe señalar sin embargo que la radiación ha ocurrido entre los pacientes de radioterapia que han recibido dosis elevadas, localizadas sobre los tejidos cancerosos; que no es lo mismo que una dosis global sobre todo el cuerpo.

El término radiación se refiere al flujo de partículas o de energía en forma de rayos energéticos. La fuente de radiación puede ser una sustancia radiactiva o una máquina eléctrica que la genera. Entre las sustancias radiactivas se tiene el iridio 192 y entre las máquinas generadoras las de rayos X y los aceleradores de partículas.

La radiación que ataca a las células es la llamada radiación ionizante, es decir, aquella que arranca las cargas negativas de los átomos. El desequilibrio origina una cadena de reacciones que afecta las células en diverso grado. El daño se origina en los genes, ubicados en el núcleo de las células, que son los que regulan la vida y programan la producción de todo lo necesario para el organismo. Un rayo puede romper en uno o en varios puntos la cadena de ácido desoxirribonucleico (ADN), del que se componen los genes. El ADN cuenta con mecanismos de recomposición parcial o total. Como resultado, un rayo puede destruir o modificar las propiedades de la célula, dando lugar a diversos efectos.

En realidad, lo que cuenta para los efectos sobre un tejido es la energía absorbida por unidad de masa del mismo. En otras palabras, lo que cuenta es la concentración energética sobre un tejido. Para entenderlo mejor podemos decir que la luz solar que recibe el cuerpo entero no le causa mayor daño, pero sería grave si es que con una lupa concentramos esa luz sobre la palma de la mano.

Los efectos de la radiación – que se miden en unidades gray (Gy) – pueden ser probabilísticos o determinísticos. Los efectos probabilísticos son aquellos cuya probabilidad de aparición es aproximadamente proporcional a la dosis y que pueden aparecer años después de la irradiación. Los efectos determinísticos son aquellos que a partir de cierta dosis – llamada dosis umbral – aparecen en el momento, horas o días después de la irradiación.

Un primer estudio de los efectos probabilísticos de la radiación ionizante se hizo con los sobrevivientes de Hiroshima.

Sobre 285.000 sobrevivientes – seguidos entre 1950 y 1978 – murieron 85.000; de esos 400 a 500 murieron por cáncer radioinducido.

De 1.200 sobrevivientes con dosis global de 3,3 Gy en promedio, 1% presentó casos de leucemia, 10 veces superior a la observada en una población no irradiada.

Los efectos determinísticos dependen de la dosis y del órgano. Por ejemplo, la piel que reciba 3 a 5 Gy sufrirá eritemas y descamación seca. Si la piel recibe 50 Gy sufrirá necrosis.

Cuando la exposición es global, es decir, sobre todo el cuerpo, los efectos determinísticos son bien conocidos. Para dosis menores a 1 Gy no se produce signos clínicos. Para dosis mayores a 1 Gy, las víctimas sufren eritemas. Para dosis mayores a 10 se presenta el síndrome gastrointestinal, shock, enterocolitis y muerte en dos semanas.

Vemos pues que la interacción de la radiación ionizante con la vida es un asunto que tiene que ver con la dosis, lo que lo asemeja con los efectos de otros fenómenos naturales o artificiales.