El Comercio, 6 de septiembre de 1999
La trampa tecnológica
Los científicos investigan afanosamente la evolución de la naturaleza a través de los tiempos. El objetivo es comprender los procesos que la deterioran y aquellos que la favorecen, para determinar políticas de protección.
Siendo el clima una variable fundamental se estudia los núcleos de hielo en varios lugares de la tierra buscando pistas sobre el clima del pasado, que sirvan para prever el clima del futuro. Ello permitirá predecir, por ejemplo, la severidad del efecto invernadero, que amenaza con la disminución de bosques tropicales y la elevación de dióxido de carbono.
La protección contra la polución resulta compleja debido a que están en juego innumerables intereses. Por ejemplo, el protocolo de Kioto – negociado en 1997 -, dirigido a la reducción de la emisión de gases invernadero por parte de los países desarrollados, no entrará en vigencia antes de que sea ratificado por 55 países. Mientras tanto, cada corporación está estableciendo sus propias políticas.
Debido, en parte, a la preocupación por el medio ambiente y al agotamiento progresivo del petróleo, ese recurso tendrá su producción en declive y los precios subirán en forma alarmante. Ante ello, se busca nuevas fuentes energéticas.
Por otro lado, varios grupos de investigadores en el mundo están buscando la factibilidad de celdas de energía basadas en la unión del hidrógeno con el oxígeno. De tenerse éxito en el desafío, uno de los mayores problemas que se resolvería será el del combustible para los automóviles; y también será útil para la llamada electrónica portátil.
Los recursos hídricos también son amenazados por las actividades humanas. Por desconocimiento de los fenómenos hidrológicos, en el pasado se ha producido serios daños a la naturaleza. Uno de los ejemplos más conocidos en Estados Unidos es el de la serie de pantanos que formaban un ecosistema muy rico en La Florida. Con el propósito de prevenir inundaciones en terrenos agrícolas, entre 1950 y 1960, el Cuerpo de Ingeniería Militar construyó una red de canales de drenaje. El resultado fue un desastre medioambiental: los pantanos se redujeron a la mitad de su tamaño inicial y las aves nadadoras disminuyeron en un 90%. Hoy, el mismo Cuerpo de Ingeniería Militar ha propuesto un proyecto de U$ 7.800 millones para recuperarlos. Por otro lado, en EE.UU. se ha estimado que hay unos 300 mil lugares peligrosamente contaminados en suelo y agua subterránea. Limpiar esos sitios tiene un costo de 9 mil millones de dólares. Este es un problema que está siendo encarado por varias instituciones.
Debido a su situación de destino final de las aguas superficiales, el mar es la victima principal de la contaminación. A partir de los miles de casos de personas con enfermedades diarreicas de la costa sur de Bangladesh, se ha postulado que microorganismos patógenos, eliminados por los desagües, van a conservarse en las profundidades del océano, el que actúa como refrigerador. Las corrientes podrían ser las responsables de que estos patógenos lleguen a la superficie y contaminen a las poblaciones que consuman productos de mar. La preocupación es mayor cuando se sabe que para los siguientes 30 años serán necesarias 200 millones de hectáreas adicionales de tierra cultivable y que se está investigando el uso del agua del mar para cultivar plantas que den frutos alimenticios.
Hoy se teme por la polución en el propio hogar. En EE.UU., después de haber comprendido los mecanismos de polución del medio ambiente fuera de las casas, se ha tomado una serie de medidas restrictivas para los productores de contaminantes. El asunto se complica cuando productos vegetales de la ingeniería genética, aparentemente inofensivos, resultan constituir un riesgo para el medio ambiente. Según un estudio publicado en la revista “Nature”, el polen del maíz modificado por ingeniería genética produce un pesticida natural que puede matar las orugas de las mariposa monarca.
Como vemos, se puede decir que el ser humano se encuentra en una trampa tecnológica, de la cual podrá salir si es que utiliza toda su inteligencia, pero sobre todo y al mismo tiempo su instinto de supervivencia y su sentido común.