16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

El Comercio,1ro de diciembre de 1999

El equipaje de la carrera ciberespacial

Las comunicaciones electrónicas permiten saltos “civilizacionales”, semejantes a los provocados por los inventos del alfabeto y de la imprenta. La mayoría de los países está usando las oportunidades que ofrecen esos avances tecnológicos para acelerar su carrera en la competencia tecnológica y comercial. En esa carrera, el Perú sigue retrasándose.

La cantidad y la naturaleza de la información que se ingresa o se extrae del ciberespacio superan las predicciones de los científicos y futurólogos más imaginativos de hace medio siglo.

Considerando la velocidad con la que salta la tecnología, es razonable afirmar que, dentro de poco, una persona podrá interactuar con cualquier otra en el mundo y obtener información de cualquier biblioteca virtual, caminando por sus trayectos habituales. Todo ello usando sólo su cuerpo, al cual se le habrá integrado una serie de dispositivos microbioelectrónicos. Lo que se descubre y se desea comunicar se conoce al instante en todo el mundo. Sin embargo, el ciberespacio tiene sus limitaciones en la educación, sobre todo para enseñar lo que falta en nuestro país: saber hacer. Una cosa es ver fútbol y otra es aprender a jugar. Una cosa es enterarse de las maravillas de la ingeniería genética y otra ser artífice de una de esas maravillas.

El verdadero reto para países como el Perú es dejar de ser consumidor y pasar a ser creador y vendedor de conocimientos, usando precisamente el mercado ciberespacial. Para enfrentar este reto se necesita más que computadoras: se necesita profesores motivados, interesados en investigar, con recursos para hacerlo y con laboratorios en cada escuela. De lo contrario, los países que, a pesar del alfabeto y de los libros se encuentran atrasados, no van a avanzar por el solo hecho de existir el ciberespacio.

En ese sentido, el ciberespacio constituye lo mismo que el alfabeto y la imprenta: una oportunidad. Lo que nos falta es iniciarnos en la cultura de la investigación científica y tecnológica. De ello dependerá nuestra supervivencia como nación en el milenio que está llegando.

Para usar términos de moda, el ciberespacio es el mercado globalizado del conocimiento. Si no tienes nada que vender, te limitarás a sobrevivir, consumiendo “conocimiento chatarra” para perecer de cáncer intelectual. Todo ello terminaría por convertirnos en adictos a los enlatados cibernéticos y en mal nutridos intelectuales, en un ignorancia superabundante.

En el Perú, si nos dotamos de un sistema educativo apropiado, con la debida prioridad – con profesores competitivos, bien motivados, con equipamientos convenientes -, y un Estado meritocrático, podremos aspirar a un país con futuro, con algo que enviar al ciberespacio, que no sólo sean las imágenes de nuestros paisajes turísticos o la ubicación geográfica de nuestras riquezas naturales.

Si se hace los esfuerzos en los campos de la educación y la investigación, no queda duda de que en algunas décadas podremos contar con nuestras propias embarcaciones para navegaren el ciberespacio. En esas embarcaciones transportaremos nuestros productos tecnológicos y llevaremos las manifestaciones de nuestra cultura. Pero claro, para que ello ocurra es necesario actuar hoy.

(*) Extracto de discurso “Nuevas tecnologías para una educación con futuro”, en la U. Católica