16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

El Comercio, 27 de febrero del 2000

La política o el extranjero


En momentos en que la estructura empresarial peruana cruje peligrosamente, algunos de sus dirigentes escogen la salida de la política partidarista. Ellos declaran que han perdido la esperanza de que el Gobierno actual tome las medidas adecuadas para evitar el derrumbe del edificio. Por otro lado, ante la política antimeritocrática, desincentivadora de la creatividad y la investigación, los jóvenes más capacitados parten al extranjero. Estos hechos corresponden a reflejos de una realidad que disuelve los sueños de las nuevas generaciones de empresarios y profesionales.

Los medios de comunicación han difundido profusamente las ideas de los empresarios que incursionan en la arena política. La mayoría de ellos pide al Estado que mejore el terreno en el que compite por el mercado internacional. Eso suena justo. Pero, paradójicamente, se aferran a su visión opuesta a la investigación, que les daría nuevos productos, basados en las peculiaridades de nuestras riquezas naturales y, sobre todo, contando con los profesionales de alta calidad.

Los profesionales de alta calidad, por su lado, toman decisiones menos espectaculares, pero de mayores consecuencias para el futuro tecnológico comercial del país. Dado que estas decisiones son poco difundidas, me permito mencionar uno de tantos casos que se producen día a día.

El ingeniero nuclear Javier Guarnizo, graduado en el Centro Nuclear de Bariloche, Argentina, ganaba en el Perú la mitad de lo que ganan los directivos administrativos del centro en el que trabajaba. Por simple lógica decidió prepararse en la ESAN para ser también un administrativo, solicitando entonces licencia con el goce de haber correspondiente. Se la negaron: renunció. En Internet encontró una convocatoria a un concurso para ocupar la plaza de programador y evaluador de proyectos científicos y tecnológicos en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), financiador de los proyectos nucleares en el mundo entero. El ingeniero Guarnizo ganó el concurso, al que se presentaron candidatos seleccionados por el centro que le negó su apoyo. En marzo se va a Viena. Irónicamente, este joven profesional, por su nuevo trabajo, podría evaluar los proyectos de sus antiguos evaluadores.

También deja el país la ingeniera Rossemery Durán, esposa del ingeniero Guarnizo. Una excelente ingeniera electrónica, primer puesto en el orden de méritos de sus estudios de maestría en energía nuclear, experta en automatización de instrumentos científicos.

Como podemos ver, el Perú sigue perdiendo a sus mejores cerebros. Y esto debido a la incomprensión del Estado, el que renuncia a proteger su mayor riqueza: los cerebros.

Para las nuevas generaciones de profesionales no existe centralismo. La mayoría de los egresados buenos y excelentes de provincias no piensa en Lima. Como el ingeniero Guarnizo, a través de Internet, los profesionales buscan ofertas de empleo en el mundo y presentan su currículum. Las entrevistas personales se hacen por videoconferencia. Una vez seleccionados pasan como a otro mundo, llevan una vida más confortable que un congresista peruano, sin necesidad de protección.

Guarnizo, por ejemplo, visitará los centros nucleares del mundo y se entrevistará con las autoridades de esos centros para evaluar el avance de sus proyectos. Será tratado con honores y con todos esos privilegios que muchos sueñan tener. La clave de su éxito fue su excelente preparación y su renuncia a un medio que, con muros administrativos, le negaba toda posibilidad de avance profesional. En conclusión, de una u otra forma, el Perú pierde los mejores científicos, ingenieros y técnicos. Estas son realidades crudas generadas por el rechazo al mérito y premio al servilismo que se está enraizando en el país.

Una nación que no defienda los valores que conlleven al desarrollo, avance social, justicia social, no tiene futuro. O, peor, sí tiene futuro, pero diferente al que se quiere hacer creer...