El Comercio, 4 de junio del 2000
Empleo y democracia: la misma receta
En los dramáticos meses de campaña electoral que ha vivido el país, se ha puesto en evidencia que los problemas más graves que tiene nuestro país son el empleo y la democracia. La elevada tasa de desempleo y las dificultades que ha enfrentado la democracia tienen un mismo origen: el sistema educativo que ha formado la población económicamente activa (PEA) y que hoy sufren el desempleo.
En el reciente foro Educación, Ciencia, Tecnología e Industria para el 2010, organizado por la Universidad Ricardo Palma y el Ceprecyt, se mencionó que la educación no es la más adecuada para los tiempos modernos. Se mostró también que la ciencia y la tecnología están prácticamente bloqueadas en el país. Los expositores en el foro coincidieron en plantear la urgencia de un cambio radical en el sistema educativo y en la política científica y tecnológica.
Definitivamente, a nuestro país le espera una década difícil, limitado a la producción de materias primas, explotadas por empresas extranjeras, con tecnología extranjera y muy poca mano de obra peruana. El desempleo y subempleo han dado lugar a inmensas regiones de pobreza, las que no tienen acceso a la información de calidad, lo que disminuye las posibilidades de una democracia real y sólida. Esta situación es agravada por una televisión abierta que retroalimenta un sistema que erosiona las frágiles bases sobre las que podría levantarse un sistema educativo diferente.
Desde hace décadas, la educación pública peruana está por debajo del promedio de América Latina. Como consecuencia de ello, hoy no contamos con el potencial humano para iniciar un proyecto serio de desarrollo integral. ¿Qué hacer? Para comenzar a ver el final del túnel dentro de diez años, debemos invertir hoy en educación.
La minería, sector estrella de la década pasada, nunca fue el camino que nos sacaría de la pobreza. Recordemos que los hombres más ricos del mundo no están entre los mineros. Bill Gates ha mostrado que el cerebro es la mayor fuente de riqueza. Por ello, la decisión política fundamental tiene que ver con el potencial humano. Las empresas que sobrevivirán en el siglo XXI serán las que tengan los cerebros mejor preparados.
Las generaciones que forman la PEA de esta década ya están formadas. La esperanza del Perú está en los cerebros de los niños peruanos, los que sacarán la cara por los peruanos del año 2010. Y los cerebros se preparan con un adecuado sistema educativo desde el nivel preescolar.
Por ello, la priorización de la educación es una urgencia, pero una educación que valore la ciencia y tecnología, la creatividad, el espíritu empresarial, el liderazgo. Cuando este tipo de conocimiento haya llegado a la población peruana, las inversiones de calidad no se harán esperar, porque el conocimiento garantiza el valor agregado que las rentabiliza.
Para aumentar nuestro potencial humano se necesita una educación de calidad al alcance de todos los peruanos. Ello demanda una profunda reforma del sistema educativo. Sin embargo, como paso inicial inmediato, es urgente facilitar el acceso masivo a Internet, a través de los centros escolares y en los propios hogares. Internet permite disminuir la inequidad en el acceso a la información, la que constituye un elemento fundamental para el desarrollo.
El segundo paso es la eliminación de todo rezago de memorismo y la pasividad escolar. El temprano inicio en la experimentación e interpretación de fenómenos naturales y artificiales, así como la solución de problemas tecnológicos de la vida diaria, hará posible que los peruanos de la próxima década miren el Perú con mejores posibilidades. Una generación creativa y constructiva impedirá que nuestro país siga alejándose de las naciones civilizadas que brindan a sus ciudadanos una vida digna.
Lo dicho es esta nota lo venimos repitiendo hace dos décadas. ¿Lo tendremos que repetir también el año 2010?