El Comercio, 23 de noviembre del 2000
Las oportunidades del caos
Los momentos por los que atraviesa el país constituyen una típica muestra del fenómeno llamado caos: un nuevo paradigma científico que pretende interpretar los más variados procesos físicos, económicos, sociales e históricos. En el marco de esa teoría, analizando la crisis nacional, el Perú habría ingresado a un ineluctable período de caos, el que – menos mal – ofrece oportunidades para escoger un nuevo camino hacia la estabilidad, y cuya duración dependerá de la sabiduría con la que se tomen las decisiones y el tipo de fuerzas que se pongan en juego. Para comprender un poco mejor lo que sucede, debemos echar un vistazo a unas cuantas hipótesis elementales con las que hoy se interpreta procesos como en el cual estamos inmersos.
La primera hipótesis es que el mundo no es lineal, y el detalle puede engendrar la catástrofe. Sin embargo, esto no significa que el detalle es el único causante del fenómeno caótico. Un ruido puede causar una avalancha, si es que la falda de la montaña está repleta de humedad y sus suelo, muy débilmente compactado. Todo se desmorona si no hay raíces profundas ni rocas enclavadas que sirvan de soporte. El efecto mariposa representado en la expresión “el aleteo de una mariposa puede causar una tormenta”, adquiere valor sólo si de cumplen muchas otras condiciones atmosféricas.
El grado de estabilidad de un proceso social depende de los cauces por los que transcurre. Desafortunadamente, el proceso en el que nos encontramos tiene innumerables aspectos generadores de inestabilidad. Para estudiar nuestra y otras sociedades, tenemos que reconocer que las relaciones humanas son de una variedad ilimitada y, por lo tanto, difíciles de caracterizar en términos sencillos. En cierta forma, nuestra sociedad tiene rasgos extremos que facilitan su comprensión. La estructura del Estado está levantada con gérmenes de inestabilidad. Cuando las espadas de honor – caracterizados por su alta calificación y reconocido profesionalismo – fueron puestos fuera de carrera, y los menos capaces ocuparon cargos de alta responsabilidad, en las FF.AA. se estuvo levantando una estructura lista para caer con el “aleteo de una mariposa”. Pero esa estructura con los valores invertidos ha sido reproducida en casi todos los sectores civiles del Estado, de los cuales, el más gravitante fue el entorno creado por el asesor principal del presidente de la República.
De acuerdo a la segunda hipótesis de la nueva representación científica de la realidad, ésta no se puede descomponer en unidades elementales, sino que debe considerarse la globalidad del sistema. Nos estaríamos engañando y aceptando una visión falsa de la realidad, si creyéramos que el asesor es la única causa de la catástrofe. Él es producto de la sociedad peruana, generado por una composición infinita de elementos, en la que no se excluye el sistema educativo. Es más, diríamos que allí está el origen de nuestros males.
En la ciencia moderna, han desaparecido las visiones reduccionistas. La lógica del razonamiento deja de ser inmutable y se impone un punto de vista histórico. En la economía, la ecología y la sociología, con el transcurso del tiempo, el sistema “aprende” y cambia de naturaleza.
Mirando el futuro, el momento que nos toca vivir debe ser tomado como una oportunidad, la cual debe ser aprovechada para lograr una transición de un estado estable a otro que – dependiendo de las decisiones y acciones de los representantes del pueblo y del mismo pueblo – debería ser caracterizado por una estabilidad y cuya duración dependerá del grado en el que se respeten los principios meritocráticos. Cada responsabilidad en el funcionamiento del Estado tendrá que recaer sobre los más preparados para asumirla.
Nada se ganaría si los nuevos detentores del poder hicieran un mero cambio de nombres, reproduciendo la misma estructura que nos ha conducido a las actuales dificultades políticas. Si eso ocurriera, sólo sería cuestión de tiempo para presenciar una nueva crisis en la larga historia republicana del Perú. Un país donde reina el amiguismo, el nepotismo, la discriminación, el tarjetazo, la coima – entre otras lacras – vivirá un permanente estado de inestabilidad.
A decir verdad, el escepticismo reina; cinco siglos sometidos a la educación no pueden borrarse de un día para otro. El esfuerzo que se requiere para enderezar el cauce de nuestra historia es inmenso. Sin embargo, según la teoría del caos, los procesos sociales “aprenden”. Todos esperamos que el Perú haya aprendido...