El Comercio, 14 de enero del 2001
Los riesgos radiactivos ambulantes
Con el paso por el Océano Pacífico del Pacific Swan, con 192 bloques altamente radiactivos – que constituyen el cargamento nuclear más grande de la historia -, han revivido los viejos temores atómicos.
Al Pacific Swan se lo ha bautizado como el Chernobil flotante. Su cargamento está constituido por material irradiado de los reactores de Japón y reprocesados en la Planta de La Hague, Francia. Fue empacado en Francia e Inglaterra.
En Argentina, una corte federal instó al Gobierno a prohibir que esa embarcación pasase por sus doscientas millas marinas. La corte se basó en un potencia daño irreversible que produciría la fuga del material sobre el público y el ambiente.
En realidad, hay una bajísima probabilidad de que se produzca una fuga radiactiva. Y, de ocurrir, habría una contaminación del medio circundante, pero que se diluiría en el mar en tal forma que a las poblaciones costeras no llegaría nada significativo, salvo que la contaminación se produjese en un puerto.
Las controversias por transporte de material radiactivo son antiguas. El 17 de enero de 1997 los gobiernos de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay emitieron una declaración conjunta para reiterar sus preocupaciones por los riesgos que representa el transporte de desechos radiactivos para la salud de la población y del ambiente marino de las regiones en las que se encuentra la ruta.
Los gobiernos antes mencionados manifestaron la necesidad de reforzar las regulaciones para el transporte de material nuclear usado, las que deben contemplar garantías de no contaminar el ambiente marino, información de sus rutas, la obligación de informar a los países costeros acerca de los planes de emergencia y de rescatar el material en caso de accidentes, así como la indemnización cuando haya daños personales. También acordaron apoyar el trabajo de revisión y negociación de las convenciones de gestión segura de desechos radiactivos y seguridad de combustible nuclear usado.
Un antecedente no tan lejano del paso del Pacific Swan es el transporte de combustible de plutonio, en 1999, desde Francia e Inglaterra hasta Japón. En esa oportunidad, se transportaba media tonelada de plutonio, suficiente como para construir sesenta bombas nucleares. Esa carga letal pasó por África del Sur y por el Océano Pacífico, con una impresionante fuerza de protección y defensa, la que incluía armas con altas cargas explosivas, lo que incrementó la probabilidad de accidente. Ello generó protestas gubernamentales, movilizaciones de organizaciones ecologistas y grandes debates.
Las preocupaciones más serias de la población sobre los residuos radiactivos se refieren a la construcción de un repositorio final. Ese repositorio – que debe ofrecer máxima seguridad – estará disponible, seguramente, en los próximos años. Mientras tanto, ningún pueblo quiere desechos radiactivos cerca de sus ciudades. Los gobiernos de los países desarrollados que cuentan con plantas nucleares se enfrentan con los temores ciudadanos. Por ello, algunas empresas han tentado, en el pasado, convencer a países pobres de aceptar temporalmente residuos radiactivos, a cambio de decenas de miles de millones de dólares. Ningún gobierno – que se sepa – ha aceptado tal ofrecimiento. Sin embargo, hay rumores de que la otora Unión Soviética estaría tentada por tales cantidades de dinero.
A pesar de los reconocidos riesgos en el transporte de materiales radiactivos, es bueno mencionar que éstos constituyen sólo el 2% del total de transporte de materiales tóxicos. En el Perú, por ejemplo, es aún reciente el derrame de mercurio en Cajamarca. Pero también recordemos el derrame de petróleo que ha producido daños irreversibles en ríos y playas peruanas.
Finalmente, la tecnología nuclear, a pesar de los accidentes ocurridos, se encuentra entre las más seguras para la población. La contaminación generada por las plantas térmicas a petróleo, carbón y gas, por ejemplo, es abundante. Los gases de combustión producen enfermedades respiratorias y cáncer, pero pocos parecen tomarlos en serio, puesto que los reflectores apuntan al fantasma nuclear, el que nació con el terror de la Guerra fría.