16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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El Comercio, 04 de julio del 2001

Reingeniería en generar conocimiento

En el Perú, el debate sobre ciencia y tecnología (CyT) tiene un siglo. A pesar de ello, la investigación es caótica, desarticulada y, por tanto, improductiva. En la universidad no se investiga y los institutos sectorizados avanzan cada uno por su lado, sin un objetivo nacional claro. La solución empieza con la creación de un sistema nacional de ciencia y tecnología (SINACYT).

Según datos del año 1998, levantados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), el Instituto de Investigaciones Agroindustriales (INIA) tiene 209 profesionales (3 con doctorado), el Instituto Nacional de Salud (INS) cuenta con 158 profesionales; en el IPEN hay 120 profesionales (3 con doctorado); el Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (INGEMMET) tiene 71 profesionales; el Instituto Tecnológico Pesquero (ITP) cuenta con 63 profesionales; en el Instituto de Investigaciones Amazónicas (IIAP) trabajan 55 profesionales (5 con doctorado); en el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) hay 30 profesionales; y el Instituto de Investigación y Capacitación en Telecomunicaciones tiene 26 profesionales (1 con doctorado).

Por ahora, cada instituto depende de un determinado ministerio, del cual ha adquirido sólo su característica naturaleza burocrática. Para algunos institutos no hay razón lógica de su ubicación sectorial. El Instituto Geofísico del Perú (IGP), dedicado a las sismología, vulcanología y ciencias de la atmósfera, por ejemplo, se encuentra en el sector Educación; el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), que no investiga ni sobre minas ni sobre energía, está en el sector Energía y Minas; el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI) pertenece al Sector Defensa, aún cuando los datos que genera son de interés nacional.

La dispersión sectorial de los institutos va con desigualdades remunerativas de 1 a 5 entre profesionales del mismo nivel. Además, y lo que es más grave, la sectorización ha generado un archipiélago de islas inconexas, las que cuentan con números reducidos de profesionales, los que independientemente no alcanzan la masa crítica para la generación de conocimiento. Pero eso sí, cada uno de los institutos tiene un abultado aparato burocrático.


El presupuesto total de los institutos de investigación asciende a unos 100 millones de dólares. Con la intención de inyectar un poco de suero a la investigación CyT, existe un proyecto de inversión consistente de unos cien millones de dólares (para un período de cinco años). 60 de los cuales provendría de un eventual préstamo del BID. Chile, sólo en el campo de la biotecnología, hay proyectos con esa magnitud de inversión.

Por otro lado, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) –organismo que debería ser el rector CyT- tiene un presupuesto menor que el del instituto más pobre. Peor aún, no existe ninguna vinculación formal del CONCYTEC –el que se encuentra en el sector Educación- con los institutos dispersos en los distintos sectores. Ni siquiera tiene relación con el IGP, el que se encuentra en su mismo sector. Así, por ahora, el CONCYTEC no tiene mayor significado para el avance de la investigación.

Para superar el estancamiento de la ciencia y tecnología, los institutos de investigación tienen que articularse en torno al CONCYTEC. Además, para que los lineamientos de política científica dadas por el Estado y coordinados por el CONCYTEC tengan efectos en los institutos, debe otorgarse rango ministerial a esta entidad, de modo que sea una verdadera rectora del sistema.

Una vez formado el sistema, la optimización del uso de los recursos en las líneas de investigación en función de la demanda tecnológica pasa por la potenciación de las capacidades científicas de las universidades. Los profesores universitarios y sus alumnos, que no cuentan con recursos en el campus, deben ser incentivados para usar la infraestructura de los institutos.

Finalmente, en estos tiempos en que los países desarrollados conforman consorcios regionales de investigación, nuestro país tiene que establecer organismos eficaces de cooperación regional en investigación, empezando por el Región Andina.

En el mediano plazo, se impone la creación del Sector de Ciencia y Tecnología, el que eventualmente incluya el Medio Ambiente y la Cultura. Con ello se abriría las esperanzas de dejar el deshonroso lugar que hoy ocupa el Perú en la tabla latinoamericana de producción de conocimiento.