El Comercio,12 de noviembre del 2001
Defensa nuclear contra el terror
Con el ataque a las Torres Gemelas de New York, en Estados Unidos ha recrudecido el temor al bioterrorismo y terrorismo nuclear. De hecho, hay varios muertos producidos por la contaminación con ántrax, mientras que los expertos no descartan que el terrorismo eche mano a sustancias radiactivas con el objetivo de causar daño a poblaciones. Para hacer frente a estas amenazas, conocer las técnicas nucleares resulta de gran utilidad. Por ejemplo, los sobres sospechosos de estar contaminados con ántrax pueden ser irradiados con rayos gamma para eliminar su peligrosidad.
La guerra biológica es una de las más antiguas y perversas. Los invasores de América la usaron en forma cruel y mortífera, al contaminar mantas con viruela para luego repartirlas entre los indios, provocando una alta tasa de mortalidad. Los incas cayeron presa de enfermedades importadas. En el siglo XX, los laboratorios militares investigaron febrilmente los métodos biológicos de ataque y defensa.
Por otro lado, el uso del poder nuclear para desaparecer instantáneamente las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, y el descubrimiento de los efectos de la radiactividad sobre la vida, dieron lugar a la amenaza del terrorismo nuclear. El terror tomó cuerpo después de que los científicos e ingenieros nucleares de la desmembrada Unión Soviética rompieron filas en los laboratorios militares, llevándose conocimientos y material nuclear suficiente como para construir varias bombas atómicas.
A pesar de los justificados temores, es preciso mencionar que la tecnología sirve también para defenderse de algunos riesgos. La radiactividad es usada para esterilizar productos médicos; también es empleada para eliminar cargas bacterianas en alimentos. Cuando el cólera llegó al Perú, en el IPEN se degustaba sin riesgo platos del delicioso cebiche. Las bolsitas filtrantes para infusiones son irradiadas para eliminar su carga bacteriana. Debemos señalar que las hojas de coca contienen una carga bacteriana que, en algunos casos, puede ser fatal para el consumidor. Hay gente que ha muerto por contaminación con infusiones de bolsitas no irradiadas. Por otro lado, la irradiación se usa también para la conservación de alimentos. El IPEN durante décadas ha desarrollado estas técnicas de irradiación y hoy cuenta con una planta de irradiación multiuso, que es explotada por la compañía Inmune, con la que el IPEN ha formado una empresa de riesgo compartido.
Otra de las aplicaciones de la radiactividad es la preservación de obras de arte hechas de madera, para frenar su natural deterioro. La irradiación se usa además para la preservación de momias: la momia de Ramses II fue irradiada para librarla de los hongos y bacterias que amenazaban su integridad.
Los investigadores del IPEN siguen investigando las aplicaciones de la radiactividad para eliminar riesgos en el uso de sustancias biológicas. En colaboración con el Hospital del Niño, desarrollan técnicas de irradiación de tejidos para transplantes. Entre los beneficiados estás los niños quemados, que reciben apósitos de piel de cerdo irradiada. Actualmente se lleva a cabo un proyecto con el Instituto de Enfermedades Neoplásicas para la elaboración de dietas estériles para pacientes inmunodeprimidos.
Nuestro país está listo para evitar los riesgos de enfermedades o la contaminación biológica. De lo que se trata es de profundizar las investigaciones y promover la inversión privada en esta tecnología, para defendernos de riesgos de contaminación.